Hoy entrevistamos a Miguel Martorell, autor de “El expolio nazi”

Hoy compartimos con vosotros la entrevista realizada a Miguel Martorell, catedrático de Historia en la UNED y autor de diversos títulos como “Duelo a muerte en Sevilla” o “Manual de historia política y social en España”. En su libro El expolio nazi, último título editado por Galaxia Gutenberg, se adentra en el robo sistemático de obras de arte cometido por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello, utiliza la figura del marchante Alois Miedl como hilo conductor mientras desgrana el entramado urdido desde la cúpula del partido nazi.

¿Qué te impulsó a estudiar el saqueo de las obras de arte durante el Tercer Reich?

Este libro es fruto de un proyecto al que llevo años dando vueltas, aunque lo cierto es que mi primer contacto con el expolio fue casual. Nunca hay que despreciar las oportunidades que te da el azar. En el año 1998 el gobierno español creó la Comisión Múgica –porque la presidía Enrique Múgica- cuyo fin era investigar las relaciones entre España y Alemania durante la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, yo era un joven becario en la universidad, estaba haciendo la tesis, y la comisión me contrató como investigador para que realizara dos informes: uno sobre las relaciones económicas entre la dictadura franquista y la Alemania nazi y otro sobre la implicación española en el expolio de obras de arte.

Ahí empecé a investigar sobre el tema aunque a lo largo de estos años, el expolio y yo hemos tenido una relación discontinua. Cuando dejé de trabajar para la comisión tuve que dedicarme a la tesis. Luego se cruzaron otros proyectos, la docencia, las oposiciones… en fin: la vida. No obstante, siempre he tenido un ojo echado sobre el expolio, acopiando bibliografía, visitando archivos, publicando alguna cosilla… Hace cinco años decidí que había llegado el momento de meterme en serio de una vez por todas con el libro. Y aquí estamos.

Miguel Martorell

Ya que citas los archivos ¿qué fuentes has utilizado para este libro?

Hace veinte años, buena parta de la documentación sobre la Segunda Guerra Mundial aún no era de acceso público. Esa fue una de las razones por las que postergué el proyecto. Hoy en día, no solo se ha desclasificado mucha documentación, sino que además, existen cada vez más fuentes digitalizadas.

La principal fuente es la documentación sobre el expolio nazi británica, norteamericana y francesa, que está en los archivos nacionales de los tres países. Ha sido muy útil también el archivo de la Prefectura de policía francesa para seguir las tramas de contrabando entre España y Francia. Para España me he pateado el Archivo General de la Administración y algo he conseguido del Archivo del Ministerio del Interior, aunque aquí el acceso a la documentación es muy restringido.

Esta vez he trabajado también mucho con literatura, un recurso magnífico para describir entornos, ambientes, espacios. Y ayuda a crear cierta complicidad con los lectores, algo que me parece fundamental.

Con todo este material he tratado de ofrecer una perspectiva global del expolio, desde diversos puntos de vista: la política cultural del Tercer Reich, los vínculos entre expolio y Holocausto, cómo funcionaba la maquinaria del expolio, cómo encaja el expolio de obras de arte en el saqueo general de los países ocupados, el mercado del arte europeo durante la guerra, el mundo de las falsificaciones, los vínculos entre expolio y crimen organizado, la dispersión de las obras expoliadas, que explico a través del caso español…

Tal como comentas en tu obra, la maquinaria del expolio formaba parte del Estado. ¿Quiénes fueron sus principales impulsores?

Para hacerse una idea de forma gráfica, la maquinaria funcionaba como una pirámide, en cuya cima estaban Hitler y Hermann Goering, los dos grandes coleccionistas del Tercer Reich. Cada uno a su estilo, ambos coleccionaron obras de arte y otro tipo de bienes culturales a gran escala durante la guerra, y utilizaron todo tipo de recursos públicos: dinero, transportes, personal del ejército y de la administración. Tenían a su disposición todo el aparato del Estado.

En un nivel inferior estaban los notables nazis y, en general, las nuevas élites políticas y económicas surgidas en el Tercer Reich: coleccionar obras de arte se convirtió en un símbolo de estatus. También aprovecharon la oportunidad de hacerse con obras de arte los museos alemanes, instituciones públicas o empresas, ciudadanos particulares…

Y luego había un sinfín de especialistas que trabajaban para todos ellos: historiadores del arte, gestores culturales, restauradores, tasadores, marchantes… Sobre todo centenares de marchantes y ojeadores, distribuidos por toda Europa para detectar obras de arte. También hubo quien entró en el juego al olor del negocio: especuladores o delatores que cobraban comisiones por localizar depósitos de pinturas escondidos para evitar que los confiscaran los nazis. Estos delatores recibían comisiones del 10 o el 15 por 100 del valor de lo confiscado. Los marchantes cobraban comisiones similares por cada cuadro que conseguían. El negocio del arte fue muy rentable durante la Segunda Guerra Mundial

¿Cuál era su modus operandi? ¿Existió una selección previa de las obras o robaron todo lo que se puso por delante?

Los historiadores del arte o los gestores de museos conocían el mercado del arte europeo y sugerían a los grandes coleccionistas qué podían conseguir y dónde estaba. Por eso su papel fue muy importante. Y luego los nazis tenían sus preferencias estéticas. En el libro cuento cómo se forjó el gusto artístico nacionalsocialista. Buscaban, preferentemente, la obra de quienes se pueden englobar en el término general de “viejos maestros”: pintores de finales de la Edad Media, del Renacimiento o de la escuela holandesa del siglo XVII. También paisajes alemanes del siglo XIX, que se pusieron de moda porque le encantaban a Hitler.

Por el contrario, despreciaban el arte de vanguardia, que fue retirado de los museos alemanes en 1937. Aunque no renunciaban a hacer negocio con él. Las obras de vanguardia incautadas a os judíos se cambiaban por otras más afines al gusto nazi. O se utilizaban para pagar a los delatores.

¿Hay algo que te haya sorprendido especialmente en tu investigación?

Como te decía, son muchos los distintos temas que aborda el libro al hilo del expolio. Uno de los que más me ha enganchado es el de los lazos entre expolio nazi y crimen organizado. La historia de la mafia colaboracionista francesa o belga, y sus lazos con España, es apasionante. La mayoría de las obras de arte que entran en España por estos años lo hacen por la frontera francesa y son redes de mafiosos y contrabandistas organizados que trabajan para los nazis quienes controlan estos pasos. Muchos de ellos encuentran refugio después en nuestro país.

Alois Miedl

Estos grupos de delincuentes, vinculados a veces a la mafia corsa o marsellesa, por ejemplo, ayudaron a Alois Miedl a introducir de contrabando en España una notable cantidad de cuadros. Miedl era un banquero y especulador alemán que entró en el mercado del arte durante la guerra y acabó siendo el principal proveedor de pintura de Hermann Goering. Estuvo implicado en todas las fases del expolio y por eso le utilizo como hilo conductor en el libro. He querido que la parte en la que cuento cómo Miedl huye de Holanda, llega a España, contacta la mafia en introduce las pinturas de contrabando en España tenga un cierto aire de thriller.

Para dar una idea a los lectores, ¿de qué volumen de pinturas estamos hablando?

Entre 1938 y 1945 Hitler consiguió 6.700 cuadros para el Museo que pretendía inaugurar en Linz cuando acabara la guerra. El Museo del Prado ha acumulado cerca de 8.000 cuadros en 200 años de historia… De Francia, los nazis se llevaron en torno a 100.000 objetos culturales, incluyendo en esta cifra pinturas, esculturas, tapices, alfombras artísticas, muebles antiguos, objetos arqueológicos… De Holanda cera de 60.000 y de Bélgica en torno a 30.000. Para Europa del Este ni siquiera tenemos cifras aproximadas.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, muchos de estos tesoros artísticos desparecen de nuevo. Algunos permanecen desaparecidos, como por ejemplo la famosa Cámara de Ámbar, pero la mayoría cambian de propietarios ¿Quienes controlan este nuevo mercado?  

La dispersión es absoluta. Cuando acaba la guerra, los aliados transfieren a los gobiernos de los países que habían sido ocupados por el Tercer Reich las obras de arte expoliadas que encuentran en Alemania. Luego, corresponde a cada gobierno devolvérselas a sus propios ciudadanos. Sin embargo, muchos supervivientes, o han sucumbido a la barbarie nazi o no pueden presentar títulos de propiedades que demuestren que los cuadros son suyos, y los estados se quedan con una parte. Eso explica que, por ejemplo, el Louvre siga poseyendo hoy bienes expoliados. Muchas de las reclamaciones contra los estados se han resuelto en los últimos años, pero aún quedan asuntos pendientes.

En Europa Oriental, con los regímenes socialistas, la mayoría de los bienes que fueron recuperados pasaron a manos de los estados. Por otra parte, el ejército soviético, al avanzar hacia Berlín, se llevó buena parte de las obras de arte que encontró, y entre ellas había obras de arte que, a su vez, los nazis habían requisado y que hoy están en Rusia. Este es otro frente.

Y luego hay otro problema. El expolio de obras de arte a los judíos alemanes empieza en 1933, cuando los nazis llegan al poder. Pero al acabar la guerra los aliados prestaron menos atención a estas requisas, muchas de las cuales se habían dispersado ya antes de la contienda. De hecho, gran parte de los pleitos que hay ahora en ciernes se remiten a este periodo. Es el caso, por ejemplo, del cuadro Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, de Camille Pissarro, que posee el Thyssen y hoy siguen reclamando los herederos de Lilly Cassirer.

Como puedes ver, el tema es complejo, hay muchos frentes abiertos y la dispersión es absoluta. Muchas obras de arte requisadas entre 1933 y 1945 salieron al mercado antes de la guerra, durante la guerra o desde la guerra. Y pueden hallarse en museos y colecciones privadas de todo el planeta.

Algunas familias han reclamado la titularidad de obras de arte robadas durante este periodo. ¿Qué porcentaje de las mismas han sido devueltas a sus legítimos propietarios?

No conozco ningún censo al respecto, lo cual no quiere decir que no exista, pero cada semana la prensa internacional recoge media docena de noticias sobre pleitos entre descendientes y coleccionistas públicos o privados. Por otra parte, las reclamaciones no siempre persiguen la devolución. A veces basta con que el museo reconozca públicamente su proveniencia, a modo de reparación. Otras hay acuerdos privados entre ambas partes y el museo conserva la pieza. A principios de siglo, el Reina Sofía resolvió mediante un acuerdo de este tipo el conflicto con los herederos de los propietarios del cuadro de André Masson “La familia en estado de descomposición”. El conflicto en los tribunales llega cuando no es posible un acuerdo.

 Para finalizar, ¿nos puedes avanzar algún proyecto futuro?

No lo sé exactamente. Ahora me he ganado una temporada de relativo descanso, pero ya voy dándole vueltas en la cabeza a un par de ideas. En los archivos franceses localicé bastante documentación sobre la mafia colaboracionista francesa que al acabar la guerra mundial se refugia en España. Esto podía dar para un breve repertorio de pequeñas biografías, algo así como “Vidas de canallas”. También me apetece escribir algo sobre la Guerra Civil: hay una historia de mi familia que lleva años tentándome. En cualquier caso, no hay prisa.

Muchas gracias, Miguel. Desde HSGM te deseamos toda clase de éxitos con “el expolio nazi”, un título destinado a convertirse en referente bibliográfico.

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4 thoughts on “Hoy entrevistamos a Miguel Martorell, autor de “El expolio nazi”

  • el mayo 12, 2020 a las 7:16 pm
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    Muy interesante informe. Me sorprendi cuando los americanos hicieron una pelicula, hace años atras, sobre un curador al que incorpora el ejercito y junto a una docena de otras personas asimiladas al ejercito, buscan rescatar obras de arte.
    Conocia la historia de las minas de sal en Alemania, que fueron una especie de caja fuerte del arte tambien, y una muy vieja pelicula francesa al respecto, de toda una trama nacionalista para que no embarcaran las obras de arte que expoliaban,
    Un muy buen tema, que no ha sido muy explotado en investigacion, tal vez, pues los coletazos llegan a hoy dia y hay mucho dinero en juego

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    • el mayo 12, 2020 a las 8:07 pm
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      Totalmente de acuerdo, César. EL expolio de las obras de arte sigue vigente hoy en día. Altausee se convirtió en un gigantesco depósito gracias a sus condiciones ambientales. Pero existieron otros depósitos en los que se almacenaron miles de cuadros, estatuas, retablos, joyas… Creo que no se sabrá el alcance total de las obras robadas.
      Miguel Martorell es una autoridad en la materia. Lleva años documentándose y el libro merece mucho la pena. No existe un estudio de estas características en castellano.
      Te dejo enlace al artículo que escribimos sobre las minas en su día.

      https://www.historiassegundaguerramundial.com/lugares/las-minas-de-sal-de-altaussee/

      Muchas gracias por tu participación. Un saludo.

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      • el mayo 14, 2020 a las 4:57 pm
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        Muy interesante historia y prometedor libro. Hace un par de años saltó (una vez más) la noticia del descubrimiento en un túnel en Polonia, de un tren alemán “perdido” al final de la guerra, cargado de obras de arte… ¿Qué aficionado a la IIGM no ha fantaseado alguna vez con un hallazgo así?
        Buen trabajo!

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        • el mayo 16, 2020 a las 1:34 pm
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          Muchas gracias, Santiago. Si, hace un par de años salió la noticia del tren, pero quedó en agua de borrajas. Sin duda alguna, todos hemos fantaseado con un hallazgo de este tipo 🙂

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