Nick Alkemade

¿Cómo se puede sobrevivir a una caída desde 6000 m. de altitud y salir tan sólo con una luxación en la rodilla y algunas quemaduras?. Según las palabras del incrédulo Comandante del campo de prisioneros alemán a donde fue llevado como prisionero el sargento Nick Alkemade fue un milagro. Y la verdad es que lo fue, sin lugar a dudas.

Nicholas Alkemade

Fuente de la fotografía: khoahoc.com.v

Nick Alkemade nace en 1923, en la localidad inglesa de North Walsham, en el condado de Norfolk. Cuando tiene la edad de 18 años se alista en el ejército siendo destinado a la Unidad de Salvamento Marítimo. Pasado un tiempo solicita el traslado y es asignado al 115 Escuadrón de Bombarderos de la RAF. En el mes de marzo de 1944 los aliados están incrementando los bombardeos sobre territorio alemán para hostigar la maquinaria de guerra nazi y minar la moral de sus ciudadanos. Aunque los dirigentes nazis intentaban dar sensación de superioridad y de tener la guerra bajo control, el pueblo veía como Göring incumplía la promesa que efectuó en su día al afirmar que ningún bombardero aliado pasaría la frontera del Ruhr. Han pasado tres años y Nick ya es un joven sargento de 21 años integrado en la tripulación de un bombardero británico Avro Lancaster IIS (matrícula DS664 – código identificador A4-K) con el que participa en incursiones nocturnas. En la noche del día 23 al 24 de marzo su avión forma parte de un grupo de 300 aparatos cuya misión es bombardear Berlín. Sus compañeros son el piloto James Arthur Newman, el ingeniero de vuelo Edgar John Warren, el navegante John P Cleary, el operador de radio Geof Burwell, el artillero Joseph McDonough, el auxiliar Charles Alfred Hilder y él mismo en el puesto de artillero de cola. Parten a las 18:48h desde Witchford y la misión se desarrolla con una relativa normalidad: Cuando alcanzan la capital alemana lanzan bombas incendiarias y una convencional de 1800kg, emprendiendo acto seguido la vuelta hacia su base. Al sobrevolar la localidad de Oberkirchen, a 5 km de Schmallenberg, son interceptados por un grupo de aparatos de la Luftwaffe. Se inicia el combate en el que a Nick le espera un papel bastante importante: como artillero de cola ha de hacer frente a los Junkers que les están disparando.

Torreta de artillero de cola en un Avro Lancaster

Fuente de la fotografía: rcuniverse.com

El diminuto cubículo en donde se encuentra alojado su puesto está hecho de un material plástico que salta en pedazos al ser alcanzado por las ráfagas de un Junkers Ju-88 que los tiene en su punto de mira, lo que le provoca heridas en la pierna. Nick le apunta con sus 4 ametralladoras y logra tocarlo, provocando que el aparato alemán se aleje con el motor izquierdo en llamas. El Lancaster está seriamente tocado y se declara un gran incendio a bordo, por lo que el piloto da la orden de saltar al ver que no puede hacerse con el control del aparato. Nick sale del compartimento donde se encuentra para coger su paracaídas (siempre lo dejaba fuera del mismo para poder tener un poco más de espacio) y al abrir la puerta ve horrorizado como las llamas están quemándolo. Sus compañeros ya están empezando a saltar y él ha de tomar una decisión: O se queda dentro del Lancaster y muere carbonizado o salta sin paracaídas hacia una muerte segura. Nick gira la cabina de artillero hasta una posición desde la que puede abrir la puerta y salta con la esperanza de tener una muerte rápida. Según decía salté boca arriba, mirando las estrellas y tenía la sensación de estar recostado en un colchón. Mientras va cayendo, su pensamiento va hacia su novia Pearl a la que tenía que ver en breve durante un permiso. Lo siguiente que recuerda es tener mucho frío y dolores fuertes en cabeza y espalda, aunque comprueba que puede mover las piernas. Son las 3:20h de la madrugada y el salto sucedió a medianoche, por lo que deduce que ha estado todo ese tiempo inconsciente. A medida que va saliendo de su estado de shock se va dando cuenta de lo que ha pasado: El cambio de presión le hizo perder el conocimiento y ha tenido la inmensa suerte de caer sobre unos árboles para finalmente aterrizar sobre una gruesa capa de nieve.

Recreación del salto de Nicholas Alkemade

Fuente de la fotografía: tumblr.com

Enciende un cigarrillo y decide utilizar el silbato que lleva en el cuello para llamar la atención y ser rescatado antes de quedarse congelado: No puede moverse y parte de su ropa está quemada. Al cabo de un rato aparece un grupo de civiles que ha escuchado los pitidos, lo cargan en una lona ya que no puede caminar y lo llevan hasta un poblado cercano, en donde le hacen un ponche caliente mientras esperan que lleguen los soldados alemanes a los que ya han avisado. Llegan dos hombres vestidos de civil (Gestapo) que lo entran en un coche y lo llevan hasta el hospital donde es tratado de sus lesiones (luxación en rodilla derecha, quemaduras, varias contusiones..). Los médicos que lo atienden no dan crédito a sus explicaciones y cuando se restablece es llevado al campo de prisioneros Dulag Luft en donde prosiguen los interrogatorios. Creen que Nick es un espía porque no han encontrado su paracaídas aunque él sigue insistiendo en su historia : “Salté sin paracaídas” y la historia llega finalmente hasta el Comandante del campo, quien le interroga personalmente y tras oír su versión de los hechos le ordena al Teniente Hans Feidal que salga a buscar los restos del aparato para comprobar la veracidad del relato. Los restos del Lancaster son encontrados: Junto a los cuerpos de Edgar John Warren, Joseph McDonough y Charles Alfred Hilder se encuentran los restos calcinados del paracaídas de Nick en la posición que él había indicado. Rendidos a la evidencia, el Comandante del campo avaló la historia de Nick y tanto los alemanes como sus compañeros de cautiverio pasaron a considerarlo como un héroe. Los alemanes entregaron una Biblia en la que había una nota certificando su historia:

“Dalag Luft. Las autoridades alemanas han investigado y comprobado que las declaraciones del sargento Alkemade, 1.431.537 de la RAF, son ciertas en todos sus aspectos, o sea, que realizó un descenso de 6 000 metros sin paracaídas y aterrizó sin sufrir heridas; su paracaídas había ardido dentro del avión. Aterrizó en la nieve, entre unos abetos. Corroboración atestiguada por: teniente de Aviación H.J. Moore, oficial superior británico; sargento de Aviación R.R. Lamb, 1.339.582; sargento de Aviación T.A. Jones, 411 suboficial superior británico. Fecha: 25 de abril de 1944″.

Campo de prisioneros Dulag Luft I

 Fuente de la fotografia: 457thbombgroup.org

Al finalizar la guerra Nick regresó a casa, y la buena suerte que le hizo sobrevivir seguía a su lado. Tuvo varios accidentes de los que salió ileso: Le cayó encima una viga de acero que le provocó un pequeño golpe en la cabeza (fueron necesarios 8 hombres para sacársela de encima), una descarga eléctrica lo lanzó dentro de una piscina de cloro de donde fue rescatado una hora más tarde, y en otra ocasión le cayó ácido sulfúrico encima provocándole tan solo leves quemaduras. Su buena estrella se apagó el día 22 de junio de 1987 cuando falleció debido a causas naturales.

Otro personaje con suerte fue Jack Worsfold, que cayó desde una altura de 7000m. y también sobrevivió al impacto.

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Un comentario sobre “Nick Alkemade

  • el junio 4, 2015 a las 8:49 pm
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