Shangri-la: Encuentro con una civilización perdida

Shangri-la era un idílico rincón perdido en un valle de Nueva Guinea, en donde uno de los vuelos de incentivo que premiaba a personal de las bases aliadas estacionadas en el pacífico durante la Segunda Guerra Mundial tuvo un accidente y vivió una de las aventuras más extraordinarias de la contienda

El día 7 de mayo de 1945 Alemania capitulaba en Reims y la guerra ya es historia en Europa, aunque aún faltan algunos meses hasta que Japón firme su rendición. Nueva Guinea alberga bases aliadas y las tropas acantonadas en ellas pasan sus días esperando ese ansiado desenlace. Es en este contexto en el que se desarrolla nuestra historia de hoy. Dentro de las costumbres que existían en las bases, había una llamada “vuelos de incentivo” con la que se quería motivar a personal y tropas acantonadas en esas localizaciones. Para ello se les  premiaba con vuelos en avión para visitar lugares peculiares o para tener vistas poco comunes de los mismos. Uno de esos lugares era conocido como Shangri-la. Un año antes, un par de pilotos americanos habían sobrevolado un recóndito valle en el que pudieron ver desde las alturas una civilización primitiva que no había tenido contacto con el ser humano. Vivían literalmente en la edad de piedra.

Entrada a Shangri-la

Fuente de la fotografía: thedropzone.org

Lo inaccesible del lugar había preservado sin querer aquella sociedad que desde su descubrimiento todo el mundo quería ver con sus propios ojos. El paraje había sido descubierto anteriormente por un biólogo llamado Richard Archbold que había estudiado la flora y fauna sin realizar ningún estudio antropológico de sus habitantes. Archbold había utilizado un hidroavión PBY-2 Catalina que le permitió amerizar en ríos y lagos de la zona. Así pues, un vuelo sobre Shangri-la era un buen incentivo para todos aquellos que esperaban ser obsequiados. El 13 de mayo de 1945, un grupo de 19 soldados sube a bordo de un Douglas C-47 Skytrain bautizado con el nombre “The Gremlin Special” y que lleva una tripulación de 5 hombres. El vuelo parte a las 14:15h desde Jayapura y tiene la intención de sobrevolar Shangri-la. Pasadas las 15:00h y cuando están sobre unas montañas cercanas a la entrada del valle, el C-47 sufre un accidente y de las 24 personas que viajaban a bordo, 18 mueren en el accidente y 6 sobreviven al mismo. La sargento Laura Besley, la soldado Eleanor Hanna y el capitán Herbert Good no fallecen en el acto pero no sobreviven a las terribles heridas que sufrieron. Good muere al cabo de una hora, Hanna fallece el dia 14 y Besley el dia 15.

Douglas C-47 Skytrain

Fuente de la fotografía: howitflies.com

Los otros tres supervivientes son los protagonistas de la historia: La cabo Margaret Hastings, el sargento Kenneth Decker y el teniente John McCollom. Al poco tiempo, McCollom decide abandonar los restos del aparato accidentado ya que piensa que quedándose en el sitio del accidente tienen pocas posibilidades de sobrevivir y parten a buscar un claro en la selva desde donde poder marcar su posición. Durante unos días habían sido ayudados por los nativos que vivían en un pequeño poblado que había cerca del lugar del accidente. Recogen todo el líquido que pueden llevar y unos dulces que encuentran entre los restos e inician su travesía en busca del lugar idóneo. El 16 de mayo encuentran el claro y McCollom coloca un trozo de lona de color amarillo que es visto desde el aire y activa una misión de rescate para los supervivientes. Entretanto, Hasting, Decker y McCollom tienen su primer encuentro con los nativos de Uwambo, cuyo jefe es Wimayuk Wandik “Pete”. Aunque son caníbales, “Pete” habla con su tribu y les recuerda una antigua leyenda que vaticina que un día llegarían unos espíritus blancos que ayudarían a su pueblo, por lo que deciden ayudarles. El 19 de mayo, el sargento Benjamín Bulatao y el cabo Camilo Ramirez, médicos, saltan en paracaídas en la zona del accidente para tratar a los supervivientes. Era importante esta ayuda porque las heridas y quemaduras amenazaban con desarrollar gangrena.

Benjamín Bulatao y Camilo Ramírez junto a Margaret Hastings tras auxiliarla

Fuente de la fotografía: pinterest.com

Al día siguiente, 20 de mayo, un equipo de 8 paracaidistas americano-filipinos liderado por el capitán C. Earl Walter jr. se dirige hacia el valle. Earl Walter jr. había recibido una llamada del Coronel Lynch encargándole la misión: Le preguntó si estaría dispuesto a llegar hasta los supervivientes y preparar una pista de aterrizaje para su evacuación, a lo que le responde con el lema de su unidad “Cueste lo que cueste”. Earl Walter jr. quiere que el salto se realice desde baja altura para intentar no advertir a los nativos de su presencia, aunque nada más aterrizar y reunir a todos sus hombres sobre una loma, se dan cuenta que están rodeados por más de 200 nativos, gritándoles y amenazándoles. El sargento del pelotón puso una nota de humor al mirar a su capitán y decirle “ Ahora sé cómo debió sentirse Custer”, arrancando una carcajada en los hombres. Con tal de mantenerlos a raya, uno de los soldados dispara un tiro al aire y la estratagema surge efecto. Los indígenas cambian de actitud y a partir de ahí se tornan amistosos con los hombres, hasta el punto que a partir de la tercera noche, se anulan las guardias de acuerdo con los suboficiales porque Earl Walter jr. las considera innecesarias.

Los hombres de Earl Walter frente a un C-47

Fuente de la fotografía: thedropzone.org

El 22 de mayo parte junto a cuatro hombres más en busca de los supervivientes y los dos médicos. Tras desorientarse y tener que abrirse camino por la jungla llegan hasta el grupo al cabo de cuatro días de marcha. Los médicos informan que debido al estado de los heridos es aconsejable esperar unas tres semanas para realizar la evacuación, por lo que plantan tiendas de campaña y acondicionan la zona para la espera. Casi a diario un avión les suministraba lo necesario para su supervivencia, comida, agua, e incluso ropa, aunque con un pequeño contratiempo: Decker y McCollom necesitaban ropa de recambio, pero toda la que llegaba era para la sargento Margaret Hasting. Incluso llegó un cargamento con 3 docenas de sujetadores que provocaron las correspondientes burlas entre los hombres.

Margaret Hastings junto a miembros de la tribu

Fuente de la fotografía: niemanreports.org

Tras cuatro semanas de convalecencia, el grupo de supervivientes estaba restablecido por lo que se desplazaron todos hacia el campo base. El plan final consistiría en sacarlos en planeadores. A esas alturas se unió un periodista al grupo, que fue lanzado en paracaídas para transmitir noticias de todo el proceso. Alexander Cann llegó con el encargo de fotografiar y filmar el proceso. Tras preparar la pista, el 28 de junio se deja caer un planeador Waco con el que se pretende sacar al grupo. No existe suficiente espacio como para que un avión pueda despegar y aterrizar con garantías, y la opción del planeador parece ser la más apropiada frente a una travesía por la jungla. ¿Pero cómo va a remolcarse el planeador?.

Margaret Hastings contempla los preparativos de la misión de rescate

Fuente de la fotografía: theconservativethinkers.blogspot.com

Para ello se construyen un par de postes en los que se instala un cable del que quedará atado el planeador. El resto es sencillo: Utilizando la técnica del Snatching, el avión realizará un vuelo rasante y enlazará con un gancho el cable sujeto al remolcador, tirando del mismo y sacando del valle a sus ocupantes. Es una técnica arriesgada que se ha utilizado pocas veces, pero que creen puede resultar. Así pues, el 2 de julio todo está listo para el vuelo que ha de llevar de vuelta a casa a los supervivientes y a sus rescatadores. Como el planeador tiene que elevarse rápidamente, se decide hacer varios viajes en los que sólo irán 4 o 5 personas dentro. Los supervivientes viajan en el primer planeador, y los hombres son divididos entre el segundo y el tercer viaje. Earl Walter jr. y sus tres suboficiales cerraron los vuelos en el tercer viaje.

Kenneth,Margaret Hastings y John McCollom poco después de su rescate

Fuente de la fotografía: npr.org

Nada más regresar, Margaret se convierte en una estrella de la noche a la mañana. Realiza numerosas entrevistas y se aprovecha su tirón mediático para organizar una campaña de venta de bonos de guerra, una revista titulada Calling All Girls publica un cómic con su historia e incluso es recibida por Eisenhower.

El cómic publicado por la revista Calling All Girls en 1945

Fuente de la fotografía: pinterest.com

En este enlace podéis ver una película original de la época filmada por Alexander Cann con escenas del campamento, en donde se ve a sus protagonistas conviviendo con la tribu y haciendo los preparativos para el rescate. En la parte final se ve perfectamente como el avión engancha al planeador Waco e inicia el ascenso. Sin lugar a dudas, el rescate de Shangri-la fue una de las operaciones más extraordinarias de la contienda, tanto por su naturaleza exótica como por su complejidad y resultado.

Este artículo ha sido publicado en el número 9 de la revista WW2GP Magazine de este mes de febrero.

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2 comentarios sobre “Shangri-la: Encuentro con una civilización perdida

  • el febrero 17, 2016 a las 7:21 pm
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    Existe un libro de 2011 titulado “Lost in Shangri-La” de Mitchell Zuckoff, que ha servido para la redacción de este artículo. Es muy bueno y se relata la operación basándose en documentación desclasificada, diarios y entrevistas. Altamente recomendable.

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  • el febrero 17, 2016 a las 10:36 am
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    Interesantisima historia, tiene todos los ingredientes para un buen libro. Un argumento muy humano y conmovedor

    Respuesta

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