Operación Frankton

La Operación Frankton fue una intrépida misión realizada por comandos Británicos a bordo de Kayaks

El antecedente que justifica la realización de la Operación Frankton fue la necesidad de cortar el flujo de suministros industriales que el Ejército Alemán estaba recibiendo y que le permitían seguir manteniendo el ritmo de su maquinaria bélica. Uno de los puntos de entrada de dichas mercancías estaba situado en el puerto de Burdeos, Francia. El bloqueo que realizaban los aliados no era capaz de evitar que por dicho puerto entrasen toneladas de materiales como el caucho (del que entre mayo de 1941 a abril de 1942 entraron 25.000 Toneladas), alimentos, estaño, tungsteno, aceites…etc.  La localización del puerto hacía que cualquier operación que se diseñara para atacarlo tuviera un alto coste y fuera muy difícil de asumir (se encuentra en el estuario del río Garona y para llegar a él hay que internarse 80 km tierra adentro a través de una ruta llena de islotes). De hecho, Winston Churchill, conocedor de la importancia que tenía el puerto de Burdeos para la industria militar alemana ya había contemplado la posibilidad de atacarlo o bien con un bombardero aéreo masivo (descartado por motivos políticos puesto que por aquel entonces no se quería actuar en la Francia ocupada) o bien en una operación demasiado costosa ya que hablamos de movilizar a tres divisiones de infantería y todo el apoyo que requerirían para llevar a cabo la misión, como son fuerzas navales y aéreas, motivo por el cual esta solución también fue descartada.

Preparativos del operativo

El Ejército Británico cuenta desde el año 1941 con una propuesta que en su momento había sido desestimada pero que podría encajar en estos momentos con lo que se está buscando: Un subordinado de Lord Louis Mountbatten, el comandante H. G. Hasler, había estado realizando experimentos para elaborar tácticas que permitieran atacar a naves fondeadas en puertos enemigos utilizando como medio de transporte unas canoas. Diseñó un prototipo de Kayak llamado Cockle Mark II realizado en lona y madera, con una longitud de 4,6m. y que podía desplazar a dos hombres y una carga de 75kg de material. Pensando que esta opción podría ser una solución válida, el 7 de julio de 1942 se crea una unidad llamada Royal Marine Patrol Detachment en Southsea (localidad cercana a Southampton). Está compuesta por 40 voluntarios menores de 25 años de la infantería de marina y es puesta bajo las órdenes de Hasler, quien durante seis meses los somete a un duro entrenamiento (remar sin producir ruido alguno, subir y bajar de la canoa sin volcarla, caminatas nocturnas, técnicas de escalada, inmersión, lectura de mapas en la oscuridad,  distinguir siluetas de barcos, utilización de explosivos…). El traje con el que son equipados está diseñado por Hasler y son armados con un Colt 45, un cuchillo de combate Fairbairn-Sykes y un silbato que imita el sonido de las gaviotas y que utilizan como señalizador. El explosivo escogido es la mina magnética Limpet. Esta mina está dotada de un imán que permitía que el tripulante delantero de la canoa la pudiera fijar por debajo de la linea de flotación de la embarcación enemiga mediante una pértiga, mientras el tripulante trasero mantenía estable la canoa. El mecanismo de detonación era un tornillo que realizaba un agujero en un pequeño depósito de ácido que iba corroyendo un depósito de plástico. Después de 9 horas de haber sido perforado, el explosivo detonaba.

Han transcurrido cuatro meses de entrenamiento cuando Hasler decide hacer un informe para sus superiores en el que les comunica que ya están preparados para realizar una acción, y en el mes de septiembre de 1942 es llamado al Mando de Operaciones Combinadas en Londres para serle expuesta la situación que se vive en el puerto de Burdeos. A las 24 horas de serle expuesto, Hasler acepta volar los barcos fondeados en Burdeos con sus hombres. En ese momento, se inicia la cuenta atrás de la Operación Frankton. El resumen del plan es muy osado: un determinado número de canoas serán embarcadas en un submarino que las dejará de noche en el mar. A partir de ahí, las canoas avanzarán hasta Burdeos, colocarán los explosivos en los barcos fondeados, hundirán sus canoas y regresarán a Inglaterra a través de Gibraltar, teniendo que atravesar parte de Francia y España por sus propios medios para poder volver a casa. Tras una selección de entre esos 40 hombres, finalmente se decide que sean 6 canoas y 12 hombres los integrantes de dicha misión:

Puesta en marcha de la Operación Frankton

El día 30 de noviembre de 1942, el submarino HMS Tuna, parte desde Holy Loch (Escocia) con las seis canoas y sus doce tripulantes en su interior. Les espera una travesía de 7 días, durante los cuales, son informados del destino final de su misión y son instruidos en los detalles concretos de la misma, que hasta el momento les habían sido ocultados por motivos de seguridad. A las 19:17h del día 7 de diciembre, el submarino emerge en un punto cercano a la desembocadura del río Garona y se inician las maniobras para desembarcar las canoas, aunque la fatalidad está de su parte, puesto que por un lado, el HMS es detectado por un radar que los alemanes tenían emplazado en la zona de la costa francesa y por otro lado una de las canoas sufre importantes daños al ser desembarcada y su tripulación se queda sin participar en la misión (el sistema ideado para sacar las canoas era a través del tubo lanzatorpedos y Cachalot rozó con el borde del mismo y se partió). Mientras el HMS Tuna empieza a sumergirse, las cinco canoas restantes empiezan su aventura y se dirigen hacia su objetivo.

Rumbo a Burdeos

El primer obstáculo con el que se encuentran son las fuertes corrientes existentes en la zona de la entrada del estuario del río Garona y allí, en medio de las fuertes corrientes pierden contacto con Coalfish y aunque Sparks, que viajaba en la canoa del mayor Hasler, utiliza el silbato para hacer una señal acordada, no obtiene respuesta alguna, por lo que después de comprobar que no tenían contacto visual con la canoa desaparecida toman la decisión de continuar. (Dos horas después de ser detectado por última vez el HMS Tuna, los alemanes capturan al Sargento Wallace y al Marine Ewart. Los restos de Coalfish aparecen al día siguiente, sin que los dos hombres delaratan a sus compañeros. Tras soportar durante 3 días los cruentos interrogatorios de la Gestapo, fueron fusilados). Antes de llegar a Pointe-de-Grave, lugar en el que se encuentra un faro y se entra directamente en el río Garona, una segunda corriente les azota. Mientras están luchando contra el fuerte oleaje, una segunda canoa se rompe: La Conger no puede resistir las fuertes mareas y resulta gravemente dañada. Sus tripulantes, el Cabo Shear y el Marine Moffat están fuera de ella agarrándose como pueden a sus restos. Todo el grupo trata de reflotarla pero es imposible y para acabar de complicar las cosas, el faro empieza a iluminar las aguas, por lo que Hasler decide hundirla y los 2 hombres se agarran a su canoa con la que ponen rumbo al estuario, aunque el sobrepeso de la canoa y la fatiga de los hombres que hay en el agua (sufriendo un frío intenso y agotados por estar ayudando al avance) hace imposible seguir avanzando ya que además, la corriente los lleva directamente hacia el muelle Le Verdon, lugar en el que hay estacionados tres destructores alemanes y por consiguiente varias tropas que pondrían en peligro el éxito de la misión, por lo que el mayor Hasler toma la decisión de abandonarlos a su suerte. “Lo siento, pero esto es lo más cerca de tierra que podemos llegar, a partir de aquí tendrán que nadar el resto del camino” les dice. Los 2 hombres le contestan “comprendemos, señor. Gracias por habernos traído hasta aquí”. Se dan la mano y se despiden deseándose suerte. (Posteriormente y una vez finalizada la guerra, se determina que estos dos hombres fallecieron ahogados).

Tras dejar a los componentes de Gonger a aproximadamente 1 milla del muelle, el grupo de 3 canoas supervivientes avanza cerca de los destructores. De repente, la primera canoa ve que uno de los destructores hace señales luminosas en dirección a tierra, aunque no sucede nada. Siguen camino y se les reúne la segunda canoa. La tercera no llega a su punto y les parece oír un grito aunque no están seguros. Hacen la señal con el silbato y esperan respuesta, aunque ésta finalmente no llega (una vez finalizada la guerra se supo que Cuttlefish no se había hundido sino que al haber perdido contacto con las dos canoas supervivientes, se habían dirigido a la misma zona de playa que ellos y que estuvieron relativamente cerca, aunque posteriormente el Teniente Mackinnon y el Marine Conway fueron capturados por los alemanes y fueron fusilados) y tras una espera se ponen de nuevo en marcha las dos únicas canoas supervivientes del grupo y deciden llegar hasta el primer punto de desembarco. Son las 6:30 h. de la mañana y llegan a una playa donde después de estar gateando durante una hora encuentran refugio en un lugar arenoso llamado Point aux Oiseaux. Esconden las canoas bajo redes de camuflaje y se entregan al descanso haciendo turnos. Hasler hace la primera guardia mientras Sparks, Laver y Mills  descansan. A partir de aquí, estos cuatro hombres serán los encargados de cumplir con la misión, aunque con un plus de peligrosidad añadido, puesto que las tropas alemanas ya los estaban buscando.

La travesía del canal

Una vez que han repuesto fuerzas durante todo el día y al resguardo de la noche, los cuatro hombres se ponen en marcha. Entran las canoas al río y se dirigen hacia su objetivo, navegando paralelamente a las boyas que se van encontrando. Cuando llega el amanecer, pasan a la orilla oriental (tras la localidad de Porte de Calonge) y buscan de nuevo un sitio donde poder pasar el día descansando, aunque por aquel entonces se corroboran sus temores de estar siendo buscados, puesto que un avión de reconocimiento pasa bastante cerca. Una vez llega el anochecer vuelven a botar las canoas y prosiguen con su travesía. Un buen susto les espera cuando una lancha de vigilancia pasa cerca de ellos sin detectarlos pero haciendo que casi zozobren las canoas debido a la ola producida por la lancha. Para cuando llega el alba del día 10 de diciembre, se encuentran en la zona de la desembocadura del Dordoña y toman tierra en la isla de Cazeau en donde les espera otra sorpresa: Cerca del lugar en donde han escogido descansar tienen como vecinos a una batería antiaérea alemana, por lo que no pueden cocinar, fumar ni hacer ruido sino quieren ser detectados. Allí pasan todo el día hasta que al anochecer se vuelen a internar en el río. Van navegando por el centro del mismo durante dos millas y luego siguen por las hileras de juncos de las orilla izquierda hasta que pasado un meandro llegan a Bassens, en donde encuentran un lugar resguardado por juncos y establecen su campamento para descansar el resto de la noche y todo el día siguiente. Al caer la noche, y tras haber preparado una comida y los explosivos, Hasler ordena a los hombres de Crayfish que ataquen a dos barcos que habían observado en Bassens mientras él y Sparks atacarían a barcos fondeados en Burdeos. Son las 21:15h y la suerte está echada.

La fase final

Tras despedirse, Hasler y Sparks ponen rumbo al puerto de Burdeos y al poco rato empiezan a distinguir las siluetas de los barcos allí fondeados. Una vez en el puerto, navegan paralelamente al muelle hasta llegar al centro, momento en el que se dejan llevar por la corriente y alcanzan un mercante de gran tonelaje. Le colocan los explosivos y se dirigen hacia su siguiente objetivo, una gran barcaza. Se sitúan a proa y le colocan los explosivos, cuando de pronto son sorprendidos por un centinela que los ilumina con una linterna. Rápidamente, se van deslizando a lo largo del casco y finalmente alcanzan una zona en sombras, donde desaparecen tras haber colocado otra carga. Prosiguen con su periplo por dos buques más y ponen rumbo de nuevo hacia la isla de Caceau, en donde se reencuentran con la otra canoa. Prosiguen hasta un poco más hacia el norte de Blaye y allí se despiden. En la mañana del día 12 de diciembre, las cargas colocadas por los hombres hacen explosión y los buques atacados por Laver y Mills en Bassens ( el Tannenfels y el Portland) y los buques (el Dresden y el Usaramo y el petrolero Cap Harid) atacados en Burdeos por Hasler y Sparks se hunden. El Sperrbrecher 5 se salva in extremis puesto que las minas que se le habían colocado en el casco, cayeron en el fondo del mar debido al magnetismo de la embarcación.

La huida

La historia de la huida de Layer y Mills fue bastante breve. Estuvieron huidos durante un par de días, durante los cuales no pudieron conseguir ropa de paisano. Al segundo día, fueron detenidos por una patrulla alemana y posteriormente fusilados. Hasler y Sparks hunden su canoa tal y como estaba previsto e inician un largo viaje de 6 meses, en el que atraviesan parte de Francia y España hasta llegar a Gibraltar. Caminan durante la noche y se ocultan durante el día. Consiguen ropas de paisano al cuarto día de emprender la huida y al sexto día contactan con la resistencia francesa en una taberna. Esta red los traslada hasta Lyon y desde allí hacia Marsella, desde donde logran cruzar la frontera atravesando los Pirineos y finalmente llegan en abril de 1943 a Gibraltar, y de allí a Inglaterra.

Como curiosidad habría que añadir que la resistencia francesa tenía previsto actuar contra los barcos que habían en el puerto de Burdeos durante la noche del 12 al 13 de diciembre de 1942, es decir, 24 horas después que lo hicieran los comandos. Este grupo de la resistencia estaba ayudado por el SOE Británico y desconocían la operación, por lo que se quedaron bastante perplejos al comprobar que el mismo trabajo que iban a hacer ellos se había hecho 24 horas antes.

Fuente de las fotografías: wikipedia.org, key.aero, flickr

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8 comentarios sobre “Operación Frankton

  • el marzo 27, 2016 a las 9:59 am
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    ¿como podéis llamar héroes a quienes son simples terroristas? Un Héroe (con mayúsculas) es aquel que lucha cara a cara y por una causa justa.Esta operación no era para liberar a nadie, los franceses colaboraron mucho y la mayoría de ellos vivió mejor con los alemanes que con los gobiernos del frente popular. Entre otras leyes se permitió el voto femenino…
    Esta operación se realizó para hundir barcos y no para destruir el puerto, tenían un claro carácter propagandístico para subir la moral de la tropa de cara al dia D y la pena es que solo conozcamos estas historias por las películas del bando ganador. Por lo demás; Felicidades, admiro mucho a quien investiga y no se queda con la versión oficial de la historia.

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    • el marzo 28, 2016 a las 6:43 pm
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      Es cierto que la mayor parte de historias que conocemos hoy en día las sabemos porque fueron protagonistas personas que pertenecieron al bando aliado. Dicho esto, también tengo que comentarte que esta operación tenía como finalidad el sabotear la llegada de materiales que posibilitaba que la industria alemana siguiera produciendo a buen ritmo. Los hombres que participaron en la misma sabían que tenían pocas posibilidades de sobrevivir, pero con todo y con eso siguieron adelante. No los voy a calificar de nada porque ya sabéis que presento todas las historias de la forma más imparcial posible, pero creo que al igual que otros muchos comandos que participaron en la Segunda Guerra Mundial (y aquí incluyo también a comandos alemanes) participaron en misiones de alto riesgo para lo que tuvieron que pagar un alto precio en algunas de ellas. Insisto, comandos de ambos bandos. Saludos, Angel

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  • el julio 5, 2014 a las 12:54 am
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    Primeramente debo expresar mis más sentidas gracias al o a los creadores de esta web por no dejar que estas historias y sus protagonistas caigan en el olvido.
    He llegado hace unos días a Burdeos para pasar aquí unos meses y me he puesto a leer sobre su historia y así es como he dado con los héroes de la operación Frankton. En los días venideros visitare el puerto y la base de U-Boots e intentare dejar un presente en su honor para agradecerles que a día de hoy vivo en un mundo libre y Burdeos es esa ciudad libre y multicultural por la que creyeron y dieron su vida.

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  • el diciembre 23, 2013 a las 11:06 pm
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    Muy cierto,hoy no hay ideales,aquellos hombres aun sabiendo que las probabilidades de sobrevivir eran casi nulas,igual enfrentaron el realizar esta mision,me parece que ese solo hecho ya les ubica en un plano moral distinto del comun.
    Mis respetos a ellos.

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  • el diciembre 19, 2013 a las 10:54 pm
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    Estas hazañas, ya no se ven hoy en Dia, es algo de admirar y darnos cuenta, que en una guerra ambos bandos pierden pero sobre todo son los seres queridos que esperaban en casa. Esos soldados son Honorables, no hay que olvidar que esta guerra cobra la vida de millones de almas, es bueno saber la historia, agradecer aquellos que se sacrificaron, aquellos anónimos que nunca regresaron y recordarlos como quieran imaginarse. Espero no haya sido envano y repitamos la historia…

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  • el diciembre 16, 2013 a las 2:50 am
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    Aparte de todo el valor de la misión, yo pienso en cada uno de esos hombres, eran jóvenes, con gente que los esperaba, que los amaba y tuvieron que dejar todo eso atrás, padecer dolor al ser capturados, vivir con el miedo a ser descubiertos a cada segundo, tener en sus cabezas un único objetivo… ¿Cómo lo lograron?, ¿Cómo fueron capaces de anteponer la misión frente a sus propios miedos?… Tal vez la preparación, el entrenamiento, un conjunto de cosas, pero eran seres humanos que dieron su vida… Creo que ya no habrán generaciones como esas, capaces de todo por el resto de la humanidad. Gracias por escribir estas historias, a mí, personalmente me impresionan mucho. Saludos.

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    • el diciembre 16, 2013 a las 8:13 pm
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      Estas personas y las personas de aquella generación tenían algo que hoy en día no hay: Ideales. Cualesquiera que fuera el bando en el que se luchaba, habían unos ideales. Sin querer entrar a enjuiciar moralmente cuáles eran más o menos acertados, lo cierto es que los había: Los alemanes luchaban por unos ideales de raza superior y de expansión de su imperio, los japoneses luchaban con sus códigos de honor, y los aliados luchaban por el ideal de la libertad y de un mundo libre de ideologías totalitarias. Eso era lo que les hacía realizar hazañas que hoy en día no tendrían paralelismo. Un saludo, Carola.

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      • el diciembre 17, 2013 a las 6:27 pm
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        Yo creo que los ideales no deberían perderse, siempre hay algo porqué luchar, pero estamos tan cegados con el consumismo y la tecnología, que nuestro único y principal fin es tener el mejor teléfono móvil o el auto más rápido. Personalmente prefiero dirigir mi mirada hacia las generaciones pasadas y dentro de mi admiración hacia ellos tratar de proyectar un poco de eso en esta vida. Saludos.

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