Las minas de sal de Altaussee

Las minas de sal de Altaussee

Altaussee se encuentra situada cerca de Salzburgo, en la zona de Aussee, conocida como la fortaleza de los alpes (Alpenfestung). Es una pequeña localidad austriaca que es famosa por haber sido el hogar más de 6500 obras de arte que los nazis habían expoliado en colecciones y museos de toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial. En un complejo de túneles y galerías que formaban las minas de sal de la localidad, los alemanes fueron amontonando ingentes cantidades de obras de arte que estaban destinadas a formar parte del Museo del Führer de Linz, uno de los proyectos del dictador alemán.

Origen del depósito de obras de arte

En 1943, los bombardeos de los aliados sobre territorio alemán empiezan a generar dudas sobre la protección del patrimonio artístico en los responsables de los museos vieneses. Los bombardeos son cada vez más frecuentes y el peligro que supone tener las obras de arte en edificios expuestos a incursiones hace plantearse un plan de evacuación para salvaguardarlas (recordemos que esta misma inquietud había sido el origen de los traslados de la Mona Lisa o de la Balsa de la Medusa por parte de los responsables del museo del Louvre). El Director del Instituto para la protección de los monumentos de Viena, Dr. Herbert Seiberl, empieza a buscar localizaciones que puedan albergar este patrimonio y visita las minas de sal de Altaussee, encontrando que reúnen las condiciones de humedad y temperatura necesarias para su conservación, por lo que a mitad de 1943 se empiezan a trasladar las obras de los museos vieneses. Camiones y trenes se ponen en camino con un cargamento que incluye obras de Rafael, Velázquez, Hubert y Jan Van Eyck, Miguel Angel, incunables, etc, y cuando el invierno arrecia y las condiciones climatológicas dificultan el traslado, se disponen vehículos oruga de fabricación soviética que permiten transportar el tesoro artístico por paisajes literalmente enterrados bajo un pesado manto de hielo y nieve. Van pasando los meses y cada vez es más extenso el territorio alcanzado por los bombardeos aliados, por lo que la cantidad de museos, iglesias y colecciones que se van trasladando a Altaussee aumenta considerablemente el número de objetos albergados dentro de la mina. Emmering Pöchmuller, director de las minas de sal, no da abasto a las peticiones que llegan desde todos los puntos del territorio nazi. Una de estas peticiones llega desde Ernst Buchner, director de las Colecciones de Pintura Estatales de Baviera, que considera que la colección de arte que el propio Hitler había ido atesorando con la idea de crear el Führermuseum (un conjunto arquitectónico diseñado por Albert Speer que entre otros edificios como una ópera o un hotel, albergaría un museo cuya colección de obras de arte había sido diseñada por una grupo de historiadores del arte y expertos en pintura) estaría bien protegida en Altaussee. Esta colección estaba contenida en más de mil cajas y fueron necesarios 13 camiones para su traslado.

La colección de Altaussee en peligro

En el mes de marzo de 1945, el final del régimen nazi ya estaba a la vuelta de la esquina. Los otrora éxitos militares que habían expandido el régimen por el viejo continente se habían vuelto en derrotas y la fuerza con la que los ejércitos aliados estaban obligando a replegarse al ejército alemán había provocado que el propio Hitler dictara un mandato por el que ordenaba destruir todas aquellas infraestructuras que pudieran ayudar a los aliados en su avance hacia Berlín. Se trataba de que no quedara nada en pie que pudiera ser aprovechado por éstos. Y Adolf Eigruber, que era el Gauleiter de la región en donde se encontraban la minas, decidió que este tesoro artístico no podía caer en manos aliadas, por lo que dispone colocar 8 cajas de madera con explosivos en el interior de la mina con el objeto de enterrar las obras de arte para impedir su rescate. El día 15 de abril de 1945, se inicia una carrera contra reloj para salvar las obras cuando Emmering Pöchmuller se entera de los planes de Eigruber a través del Dr. Helmut von Hummel, asistente personal de Martin Bormann. En ese momento, Pöchmuller explica la situación a las personas que se encuentran guardando las obras y encuentran como solución el volar las entradas a la mina y taponar su acceso para evitar que Eigruber pueda acceder a las cajas que contienen los explosivos. De todos es sabido que en la Alemania nazi no había forma de guardar un secreto, y aunque el régimen se estaba desmoronando, Eigruber se enteró de las intenciones de los trabajadores y envió a un comando de hombres a cumplir su orden.

Los mineros toman cartas en el asunto

Pöchmuller trata infructuosamente de convencer a Eigruber de que el tesoro artístico que alberga la mina es de un valor incalculable y le ruega que no ejecute la orden de volar las galerías, mientras que los mineros, movidos por un hecho más materialista como es el salvaguardar su sustento futuro, puesto que las minas son el motor económico del pueblo idean un plan alternativo. Dos de los mineros tienen una idea que al principio parece disparatada, pero que a medida que la van madurando le ven visos de ser su última esperanza: Hermann König y Alois Raudaschl piensan en entrevistarse con el temido Ernst Kaltenbrunner para solicitarle su ayuda. Kaltenbrunner tiene una vivienda en Altaussee y se da la coincidencia que aquellos días está en ella en compañía de una amante. Raudaschl tiene una amiga de su etapa en el colegio llamada Iris Scheidler, que está casada Arthur Scheidler, ayudante de Kaltenbrunner, y a través de ella consigue una entrevista, en la que le hace ver el disparate de volar las galerías. Sorprendentemente, Kaltenbrunner atiende a las peticiones de Raudaschl y autoriza a los mineros a sacar los explosivos, operación de se acaba de realizar el día 4 de mayo, en que las 8 cajas rotuladas con «Cuidado, mármol, no golpear» son sacadas del interior de la mina y alejadas a una distancia prudencial en la que cualquier explosión fortuita no pudiera afectar a las obras de arte. Los soldados que custodian la mina no oponen ningún tipo de resistencia y abandonan la zona. Cuando el comando enviado por Eigruber llega, se encuentra con que las entradas a la mina han sido dinamitadas y no pueden acceder a su interior. Informan a Eigruber de la situación y éste les ordena detener a Kaltenbrunner. Los dos hombres tienen una conversación en la que después de múltiples reproches, gritos y amenazas, Kaltenbrunner no es finalmente arrestado, ya que los soldados deciden huir ante la inminente llegada de los americanos. Finalmente, el 8 de mayo de 1945, una unidad de infantería aliada ocupa el pueblo de Altaussee y tras ellos llegan los Monuments men, que con su trabajo, se dedican a estudiar y a catalogar el inmenso depósito de obras de arte.

Recientemente han aparecido varias noticias sobre la publicación de un libro que explica la historia de la liberación de las minas de sal de Altaussee.

Fuente de las fotografías: examiner.com, aaa.si.edu, monumentsmen.com

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2 comentarios sobre “Las minas de sal de Altaussee

  • el febrero 7, 2018 a las 4:06 pm
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    Etonnant, incroyable !
    Heureusement que le courage de certains hommes a pu sauver, pour l’Histoire, des merveilles de l’Art que des fous voulaient détruire !

    Dommage, le texte est parfois confus en raison d’une traduction un peu approximative : quelle était la langue originale ?
    Louis LAVOISIER
    Paris

    Respuesta
    • el febrero 8, 2018 a las 6:44 pm
      Permalink

      Gracias por la respuesta, Louis. El texto original está escrito en castellano. Saludos

      Respuesta

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