Hiro Onoda y la alta fidelidad

Hiro Onoda sobrevivió en la jungla durante 30 años tras el final de la SGM sin conocer que el conflicto había terminado

El teniente japonés Hirō Onoda participó en la Segunda Guerra Mundial destacado en la isla de Lubang, en el archipiélago de las Filipinas y no se rindió hasta el año 1974, fecha en la que fue necesaria la colaboración de un superior suyo, el mayor Taniguchi, quien le dio la orden de deponer las armas al comunicarle que la guerra había finalizado. Hiro entregó sus armas, empezó a llorar y contestó: «¿Hemos perdido la guerra? ¿Cómo el ejército japonés pudo ser tan descuidado?». Fue el penúltimo soldado japonés en rendirse, superado en 7  meses por el soldado Teruo Nakamura.

Su aventura empezó el 26 de enero de 1944, cuando el ejército japonés lo destina a la isla filipina de Lubang. Allí tenía como misión el ataque a muelles y pistas de aterrizaje para evitar que los aliados tomasen Lubang. Además, se le ordenó no rendirse bajo ningún concepto a los americanos en caso de sufrir un ataque por parte suya: Debía defender las posiciones con su vida si era preciso. En febrero de 1945 los americanos toman la isla, y Onoda y otros tres soldados supervivientes de los combates suben a las colinas y empiezan a entablar guerra de guerrillas. En diferentes ocasiones, el grupo de soldados supervivientes tuvo la ocasión de leer folletos lanzados desde aviones en los que se les instaba a rendirse aduciendo que la guerra había finalizado, pero ellos creyeron que era propaganda americana. Así pues, en octubre y en diciembre de 1945 pudieron leer estos mensajes a los que prefirieron ignorar. Con el paso de los años, todos sus compañeros van desapareciendo: En 1950, uno de los componentes del grupo llamado Yuichi Akatsu se rinde al ejército filipino. El 7 de mayo de 1954, Shoichi Shimada fallece en un enfrentamiento con un grupo de soldados que buscaban al grupo y el 19 de octubre de 1972, Kinshichi Kozuda fallece en un enfrentamiento con la policía. De los cuatro integrantes ya solo quedaba Hiro Onoda.

El teniente japonés Hiro Onoda en el momento de su rendición

Fuente de la fotografía: Flickr.com

El 20 de febrero de 1974, un joven estudiante japonés llamado Norio Suzuki establece contacto con Hiro y entabla amistad con él. Al parecer le contó que había abandonado la universidad y viajaba por el mundo para encontrar a “el teniente Onoda, un oso panda y al abominable hombre de las nieves”. Onoda se niega a abandonar su puesto y Suzuki regresa a Japón con fotografías que prueban su existencia. El gobierno japonés busca una solución al problema y contacta con el que fuera su superior, Yoshimi Taniguchi, quien el 9 de marzo de 1974 se reencuentra con Onoda y le ordena que se rinda. Onoda regresa a su país tras ser indultado por el presidente filipino Ferdinand Marcos, aunque no se adapta a la nueva sociedad nipona y se traslada a vivir a Brasil, en donde regenta un negocio de cría de ganado. finalmente, en 1984 regresa de nuevo a Japón, esta vez de forma definitiva y funda una escuela llamada Onoda Shizen Juku en la que quiere enseñar los valores de la sociedad japonesa, aquellos que le hicieron mantenerse firme en sus convicciones durante cerca de 30 años y que le hicieron renunciar a una gran cantidad de dinero que el gobierno japonés le entregó en concepto de salarios atrasados y que él destinó al famoso santuario Yasukuni.

Recientemente ha salido publicada la noticia de su fallecimiento a los 91 años de edad.

Fuente del texto: todayifoundoutmilitaryhistorynow

«No Surrender: My Thirty Year War», Hiro Onoda, Bluejacket Books 1999

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