El Atabrine

El Sureste Asiático es una de las zonas más castigadas por la malaria, una enfermedad transmitida por la picadura de un mosquito y contra la que no hay curación posible. A parte de intentar alejar a los mosquitos con repelentes para evitar su picadura, los esfuerzos se concentran en encontrar un remedio para la enfermedad. En el año 1940 existían dos tratamientos que trataban de mitigar los efectos producidos por la misma: Uno estaba basado en la quinina. La quinina se obtiene de la corteza de un árbol llamado Quino (Cinchona Pubescens) que se cultivaba en varios paises de Sudamérica y también en Indonesia. La quinina se convirtió en un objetivo de primer orden, puesto que los japoneses habían invadido Indonesia, lugar de donde procedía el 90% de su producción mundial. Esto obligó a los aliados a incrementar la producción de quinina en Sudamérica y a utilizar otro remedio: el Atabrine. El Atabrine es una droga sintética inventada por un químico alemán que no producía unos efectos secundarios tan severos como los que producía la quinina. Aunque tenía un gusto bastante amargo y podía provocar vómitos, dolor de cabeza y un tono amarillento de la piel, cumplió con su cometido de atenuar los síntomas de la enfermedad. Estos efectos secundarios provocaron que muchos soldados no quisieran tomar su dosis, por lo que oficiales, suboficiales y médicos vigilaban escrupulosamente que fuera ingerida ante ellos después de cada comida.

Cartel de advertencia. «Estos hombres no tomaron su Atabrine»

Fuente de la fotografía: vintag.es

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