El Capitán Mayhew “Bo” Foster y Hermann Göring

La segunda Guerra Mundial ha llegado a su fin en Europa. El Ejército Alemán se rinde firmando la rendición en sendas ceremonias celebradas en las ciudades de Reims y de Karlshorst. El que fuera Comandante en Jefe de la Luftwaffe y uno de los hombres más poderosos del régimen nazi, Hermann Göring, ve como se desmorona todo e intentauna maniobra desesperada: Quiere mantener una entrevista con el General Eisenhower y le propone reunirse con él en el Castillo de Fischhorn para entablar negociaciones. Eisenhower no entra en el juego y envía a un grupo de soldados de la 36 División de Infantería al castillo para detener a Göring, pero cuando estos llegan no hay señales del mariscal. Se encuentra en una localidad llamada Mauterndorf, a unos 100 kms de distancia, desde la que parte hacia el Castillo de Fischhorn. La casualidad quiere que los americanos decidan hacer el camino a la inversa y abandonan el Castillo para desplazarse hacia Mauterndorf. Esto hace que se encuentren a medio camino, en Radstadt. Göring es detenido y al día siguiente es conducido hasta una pista de aterrizaje situada en Kitzbühel para poder ser trasladado de nuevo a Alemania, concretamente a Augsburg. El piloto que debía llevarlo era Mayhew “Bo” Foster, un joven de 33 años que recibió la orden de trasladar a Göring a bordo de un Piper L4 Grasshopper, un pequeño avión de entrenamiento.

Hermann Göring en la parte trasera del Piper L4 momentos antes de despegar

Fuente de la fotografía: telegraph.co.uk

Lo primero que pensó Foster cuando vio el sobrepeso de Göring fue “no podremos despegar, este avión no podrá con los dos”, y solicitó cambiar de aparato, pero su petición fue rechazada porque la pista era muy pequeña y otro avión más grande no habría podido despegar de la misma. Así pues, se prepararon para partir: Göring se sentó en el asiento trasero y no puedo abrocharse el cinturón de seguridad debido a su diámetro, por lo que optó por pasarlo por encima y cogerlo con la mano. “Das Goot” (Está bien), le dijo a Foster. Y despegaron sin ningún otro contratiempo. El vuelo duró 55 minutos durante los cuales Göring “actuó como si yo fuera un turista, señalándome los lugares por los que íbamos pasando”. Mantuvieron una conversación agradable y al aterrizar, Foster le pidió que le firmase una hoja de vuelo, en la que el mariscal estampó “Hermann Göring Reich”. Este fue quizás el último momento de distracción que tuvo Göring antes de ser juzgado en los juicios de Nüremberg, ya que empezó a ser tratado como prisionero de guerra y aquella fantasía que albergaba de poder ser un emisario negociador se quedó en nada.

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